A vueltas con lo cotidiano
El nombre parte de un tópico literario contemporáneo como es el de «la cena familiar con incidente aparentemente inocente que desencadena un seísmo emocional inesperado». El texto de Delaporte y Patellière confía demasiado en una anécdota ingeniosa de arranque como sustento de un conflicto que, a continuación, pierde gas hasta deshacerse como un azucarillo.
Veronese piensa un montaje que pone el foco en la naturalidad de los diálogos, de actores y actrices que se pisan cuando hablan, tal como pasa en la realidad, y el esfuerzo de la compañía es tremendo a la hora de transmitir la verdad de lo cotidiano. En realidad, el trabajo de los actores y del director está por encima de un texto que queriendo ser sutil acaba siendo de trazo grueso, que equivoca el ritmo de la intensidad emocional y que sucumbe a lo enfático en más de una ocasión.