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Punt de fuga o la moral de l'herbicida: Cuidado con lo que deseas…

Punt de fuga o la moral de l’herbicida
2/02/2018

Un herbicida es un producto químico utilizado para eliminar plantas indeseadas. Esa parece ser la moral del grupo A, una secta incierta que pretende eliminar todo ser humano viviente y crear una nueva y mejor sociedad. Cuando Ema, la protagonista de esta historia, deseó que el mundo cambiara, poco podía imaginarse hasta qué punto sus deseos llegarían a hacerse realidad.

El texto distópico de Maria Porras es muy sutil, sugiere más que cuenta y deja al espectador la tarea de imaginar los detalles. Puede que no dé respuestas, pero si genera muchas preguntas: ¿Realmente puede el ser humano cambiar? ¿Hasta dónde se es capaz de llegar para este cambio? Y sobretodo, ¿el fin justifica los medios?

Al texto se le suma una dirección de Eduard Tudela llena de sorpresas y momentos de rotura y provocación. Pese a los medios modestos con los que se crea, especialmente evidentes en el uso del audiovisual, la apuesta mantiene la tensión, la incertidumbre y la sorpresa además de generar constantes dudas. Con un único espacio y unos pocos elementos de atrezzo, vestuario, luz y música la obra expresa conceptos potentes de forma muy sutil.

Con interpretaciones irregulares, resulta especialmente memorable el papel de Georgina Latre, una mujer refugiada en la locura que nos mantiene contantemente en vilo con un histrionismo patético. Una de esas malvadas fascinantes con toque Helena Bonham Carter.

El espectáculo, que podría muy bien formar parte de la esencia rompedora del Desperta Lab –por cierto, que el Tantantarana reprograma Dramaburg, también con Latre y Laia Alberch– se convierte así en una interesante apuesta de riesgo, diferente y generadora de incógnitas. Un puzzle absorbente que va ganando fuerza a medida que avanza y que cada espectador completa con su propio significado.

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