William Shakespeare mató al menos a 74 personajes a lo largo de su obra. Reyes, amantes, héroes y traidores acabaron apuñalados, envenenados, decapitados o devorados por un oso. Este es el material trágico que Marcel Tomàs convierte en comedia en Un tal Shakespeare, el espectáculo de Cascai Teatre que vuelve a partir del 7 de noviembre, al Teatre Muntaner.

La historia comienza con un accidente teatral: un grupo de intérpretes que debían representar una selección de las grandes obras de Shakespeare no llega al teatro. Ante el público solo queda un actor secundario, al que pronto se suma un trabajador de la construcción aparecido casi por casualidad. “El espectáculo previsto era un Shakespeare, y los dos protagonistas acabarán haciendo un Shakespeare a su manera”, explica Tomàs, creador y director del montaje. Sin reparto y con una función que salvar, ambos asumen los personajes y reconstruyen el espectáculo a través de transformaciones, improvisaciones y la complicidad con el público. En escena, Tomàs comparte este juego con Toni Escribano.
Del drama isabelino al presente
Hamlet, Macbeth, Otelo o Romeo y Julieta pasan por el filtro de un clown contemporáneo que ha abandonado la nariz roja, pero conserva la capacidad de deformar la realidad. Fragmentos de los textos originales se mezclan con situaciones cotidianas y cuestiones actuales, en un juego de teatro dentro del teatro que convierte los grandes conflictos shakesperianos en escenas absurdas y reconocibles.
La muerte, el amor y la lucha por el poder sirven para construir, según Tomàs, “un discurso crítico, corrosivo y distorsionado de situaciones de actualidad que, sacadas de contexto, resultan irónicas”. Los personajes intentan resolver los conflictos con una lógica propia que casi nunca es la más adecuada y que los conduce hacia desenlaces tan perversos como cómicos.

Estrenado en Temporada Alta en 2020, Un tal Shakespeare es una creación de Tomàs y Susana Lloret que mantiene los rasgos característicos de Cascai Teatre: humor gestual, trabajo físico, creación de personajes y un margen de improvisación que permite conectar cada función con el presente. Fundada en 1998, la compañía ha construido una trayectoria marcada por unos antihéroes imperfectos, entrañables y a menudo condenados al fracaso.
En el Teatre Muntaner, el dilema más famoso de la historia del teatro cambiará ligeramente. La cuestión ya no será ser o no ser, sino reír o no reír. Y, esta vez, el público también tendrá algo que decir.
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