TRES VIDAS EN SUSPENSO

El incierto camino de unos hombres que han perdido el norte

Carlota Subirós lleva al Teatre Akadèmia La Ruta, el texto de Lluïsa Cunillé escrito para celebrar los quince años de La Ruta 40: una pieza sobre silencios, fragilidad y la dificultad de seguir avanzando.

Desde que la cantera cerró, la carretera que conduce hasta ella ha quedado abandonada. En medio de este paisaje inhóspito, tres hombres se buscan a sí mismos mientras intentan entender qué camino han recorrido hasta ahora y cuál les queda por recorrer. Del 17 de junio al 5 de julio, el Teatre Akadèmia acoge La Ruta, un texto de Lluïsa Cunillé dirigido por Carlota Subirósque llega al Grec como celebración de los quince años de la compañía La Ruta 40.

La Ruta 40 es una compañía de teatro formada en 2011 por Alberto Díaz, Maria G. Rovelló, Albert Prat y Sergi Torrecilla, con una trayectoria ecléctica y abierta a colaboraciones intergeneracionales. En estos quince años ha firmado espectáculos como Reiseführer, El llarg dinar de Nadal, Cúbit o Tumbalafusta, y ahora celebra la efeméride con un texto que Cunillé escribió especialmente para los tres actores de la compañía.

Tres vidas en suspenso

En escena encontramos a Díaz, Prat y Torrecilla. Interpretan a Eduard, Carles y Víctor, tres hombres atrapados en un momento de suspensión vital: un ingeniero de grúas que huye de una amenaza de muerte, un socorrista al que apenas conoce y un antiguo trabajador de la cantera que busca trabajo mientras teme que su mujer embarazada no vuelva. Tres figuras en medio de un paisaje de silencios, ausencias e incertidumbres.

Para Subirós, La Ruta es “un texto muy depurado, cargado de soledad y de intimidad”, pero también atravesado por “sensaciones de amenaza, de miedo y de desorientación vital”. Por eso, desde el primer momento tuvo claro que la pieza pedía un espacio recogido, capaz de acercar al público a los actores y a sus silencios. “Queríamos que pudiera compartir sus miradas y acompañar con la mayor calidez posible el momento de suspensión en el que se encuentra cada uno de los tres personajes”, explica la directora.

De hecho, la escritura de Cunillé, añade Subirós, obliga a trabajar mucho con todo aquello que no se ve: “Sus textos crean parajes claroscuros, marcados por la pérdida, la ausencia y el desplazamiento”, apunta. El reto, dice, es conseguir que este imaginario latente aparezca con fuerza en escena sin traicionar “la naturaleza elusiva del texto”.

La directora también subraya que la pieza retrata un momento vital muy concreto: ese instante, a menudo alrededor de los cuarenta años, en el que una persona siente el peso del camino recorrido, pero todavía no sabe cómo seguir avanzando. “Aparecen muchas preguntas esenciales, y la pieza nos invita a transitarlas con sensibilidad pero sin cerrar ninguna respuesta”, explica. Más que ofrecer conclusiones, La Ruta propone espacios de reconocimiento: la posibilidad —o no— de encontrar en ellos el propio espejo.

En un tiempo saturado de ruido y aceleración, Subirós reivindica La Ruta como una pieza para detenerse, escuchar y compartir el desconcierto. Pero también es una celebración de los quince años de La Ruta 40: un momento para mirar atrás y preguntarse, como los personajes, qué camino queda todavía por recorrer. Y esperamos que la ruta sea larga.

Más información, imágenes y entradas:

Escrito por
PH-Marc-Amat-OK-200

(Olesa de Montserrat, 1994) Es periodista. Conduce el magazine matinal en Olesa Radio y escribe en Emprendemos, el suplemento de economía del Diari Ara. Ha cursado el Máster en Periodismo Literario, Comunicación y Humanidades (UAB). En 2018 sacó su primer trabajo musical en solitario, Ahora vuelvo (PICAP).

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