A mediados del siglo XVI, Margarida de Rugall es acusada de brujería y condenada a morir ahorcada. Siglos después, su voz vuelve a escena a través de la transcripción del juicio que la condenó. Clara Manyós dirige el texto de Queralt Riera: Evidencias evidentes de brujería, una relectura del proceso judicial de una mujer juzgada por su tiempo.
Sinopsis
Mediados del siglo XVI. Villa de Mont-Ros, en la Vall Fosca. Comienza el juicio. Ellos dicen muchas y muchas palabras y encuentran evidencias evidentes de brujería en las acciones y conducta de Margarida de Rugall. Y la condenan a morir en la horca.
Su hija la descuelga, la vela y honra su memoria. Su tatara-tara-tataranieta llega a la casa familiar, que todo el mundo llama “la casa de las brujas”, y descubre su historia. La sacude, la vela y honra su memoria. Ambas lo hacen por sus madres, por sus hijas.
La condición de mujer independiente, autosuficiente y poco complaciente era suficiente para condenarnos entonces. ¿Y ahora? ¿Qué nos sigue uniendo a nuestras ancestras perseguidas y ahorcadas?
Evidències evidents de bruixeria es una adaptación de Un ram de margarides del ciclo 365 Dones l’any del Teatre Nacional de Catalunya en 2025, estrenada en el Born Centre Cultural.
Notas de compañía
Es surrealista y casi cómico leer el manuscrito real del juicio que se hizo a Margarida de Rugall en el siglo XVI para llegar a la conclusión de que era una bruja y había que asesinarla. Visto desde la actualidad no hay ninguna duda de que necesitaban excusas rocambolescas y argumentos retorcidos para poder acusar a una curandera y comadrona viuda (con tierras de su propiedad) de brujería. Pero ¿qué pasará cuando dentro de unos cuantos siglos alguien lea las excusas absurdas con las que hoy se legitima el machismo o la lesbofobia?
Por suerte, además de esta penosa herencia patriarcal, tenemos otra herencia: la de la comunidad, de los grupos de brujas que en el siglo XVI hacían piña en secreto para compartir historias, remedios, penas y alegrías. Y, también por suerte, este espectáculo ha reunido a un grupo de bolleras que, acompañando a la Rugalla, hemos formado nuestra comunidad, nuestro círculo de historias, remedios, penas y alegrías.
