Carles Sans (Badalona, 1955) es uno de esos artistas que forman parte de la memoria colectiva de todo el país. Miembro fundador de Tricicle, junto con Joan Gràcia y Paco Mir, formó parte de la oleada de grandes compañías que, a partir de los años ochenta, situó Barcelona entre las ciudades de referencia de las artes escénicas mundiales. Con el adiós de Tricicle, Carles Sans ha dado el salto en solitario a los escenarios y ha compensado los 45 años de “silencio” con dos monólogos que demuestran su talento para hacer reír a públicos de todas las edades. Tras el éxito de Por fin solo, que ya supera los 150.000 espectadores, Sans inicia una nueva etapa con Me voy, que podrá verse en el Teatre Poliorama a partir del 4 de noviembre.

Teatre Barcelona: El título hace pensar en una retirada.
Carles Sans: Cuando dejé Tricicle, empezaba una nueva etapa profesional y decidí apostar por un espectáculo yo solo. Era arriesgado, porque el público suele asociar a un artista con una determinada manera de hacer y cuesta aceptar los cambios. Los amigos me preguntaban si hacía falta meterme en aquel lío… y al final ha ido fantásticamente bien. Podría haberme quedado en casa tranquilamente, pero decidí continuar. Esta segunda etapa profesional me está llenando mucho.
Jubilarse no significa dejar de hacer cosas.
Teóricamente, ahora debería jubilarme y empezar a hacer todas esas actividades que todo el mundo te recomienda cuando dejas de trabajar: meditación, yoga, deporte… En el espectáculo voy repasando todas estas recomendaciones una por una y las voy desmontando. También hago una crítica a esta sociedad en la que parece que no hacer nada esté mal visto.
Carles Sans: “No hacer nada también es una actividad”
Pero a ti te cuesta no hacer nada.
No creo que me jubile nunca; simplemente dejaré el escenario tal como lo estoy haciendo ahora. Creativamente, no puedo estar quieto, pero también me gusta tener tiempo libre. Quedarse embobado es muy bonito, y no hacer nada también es una actividad. Hoy se valora mucho a la persona que siempre tiene la agenda llena y que no para de viajar. Para mí, eso no es ningún ideal de vida.
Ir en solitario también tiene cosas buenas.
He ganado libertad. Ahora soy el dueño de mi propia empresa, que soy yo mismo, y eso me da mucha independencia a la hora de decidir qué quiero hacer.
Y has conseguido un estilo muy propio, mezclando la palabra y tu maestría con el gesto.
Tenía muchas ganas de utilizar la palabra. Cuando estudiaba en el Institut del Teatre, estaba en la rama de interpretación. Es decir, yo iba encaminado a ser actor de texto. Después, Tricicle me absorbió completamente, pero cuando el grupo terminó tuve claro que no podía salir a hacer lo mismo que hacíamos, pero yo solo. Tricicle es intocable e irrepetible. Por eso decidí incorporar la palabra. Y, al mismo tiempo, tengo la ventaja de toda aquella experiencia gestual acumulada durante tantos años. La manera de gesticular y de explicar las cosas da una dimensión diferente al monólogo. Un día, Andreu Buenafuente me dijo que precisamente ese dominio del gesto era el gran valor añadido respecto a otros monologuistas. Creo que tiene razón y que es una de las claves del éxito de mis espectáculos en solitario.

Debes de tener una gimnasia mental increíble para encontrar gags constantemente.
Pronto hará un año que estrenamos Me voy y sigo cambiando cosas. Soy un obsesivo del ritmo. La gente tiene que reír constantemente. Eso es una herencia directa de Tricicle.
El famoso contador de risas por minuto…
Con el primer espectáculo, el público se reía entre cuatro y cinco veces por minuto. La filosofía sigue siendo la misma: siempre busco ese hueco donde puedo colocar un gag más.
Tu público es muy transversal.
Con Tricicle queríamos hacer humor para todo el mundo: que pudiera reír tanto un niño de diez años como una señora de ochenta, independientemente de las ideologías o de la manera de pensar. Ahora quizá me permito ser un poco más incisivo en algunos temas, pero siempre desde el cariño y sin mala intención. Quiero que el público salga contento del teatro.
Muchos espectadores nos hemos reído contigo de niños y seguimos haciéndolo de adultos.
Recuerdo una frase muy bonita que escuché un día en la radio: decían que Tricicle forma parte de la memoria emocional de nuestro país. Hemos formado parte de la vida de mucha gente.

¿Te sigue haciendo gracia tener que hacer reír a la gente cada día?
Por supuesto. El humor me ha acompañado toda la vida. Forma parte de mi manera de ser y de mirar el mundo, y no me cansa nada. Cada día actúo ante un público diferente y vuelvo a disfrutar contando las mismas historias.
¿Cómo ves la escena barcelonesa?
Los datos de asistencia mejoran año tras año. Hubo una época en la que los teatros se convertían en cines; ahora, en cambio, la noticia es que hay quien apuesta por recuperarlos o darles continuidad. Cualquier iniciativa que mantenga vivo un teatro me parece positiva.
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