“Zaranda” es un tamiz de metal que sirve para separar aquello que se considera inservible. La elección del nombre no podría definir mejor el teatro de una compañía que, desde 1978, remueve los desechos de la sociedad para buscar rastros de humanidad. Del 15 al 25 de octubre, La Zaranda presenta en el Teatre Romea Todos los ángeles alzaron el vuelo, una mirada dolorosa y a la vez luminosa a los márgenes de nuestro presente.
La compañía de Jerez presenta a unos ángeles convertidos en despojos de la sociedad contemporánea. Personajes atravesados por las drogas, la dependencia y las renuncias que les han ido arrebatando capas de dignidad. “Aquí el héroe hace tiempo que ha desaparecido; todos tenemos que renunciar a muchas cosas y todos nos vamos prostituyendo de alguna manera”, explica el dramaturgo Eusebio Calonge. Algunos lo hacen con el cuerpo; otros, con el espíritu o abandonando las ilusiones por el camino.
El espectáculo se adentra en el territorio más hostil de la cotidianidad desde la tradición picaresca y con el humor desolador característico de La Zaranda. Realidad y ficción, narración, danza y teatro se entrelazan para abrir una grieta poética en un mundo sórdido. Más allá de la denuncia social, la obra sitúa al público ante el sentido trágico de la vida, pero deja que el amor siga latiendo y que la posibilidad de salvación se abra paso entre las ruinas.
Una cama entre la vida y la muerte
En un espacio de cromatismo barroco y casi vacío, cada objeto adquiere una dimensión simbólica. El centro de la escena es un somier, una cama destartalada que viaja y se transforma a lo largo de la función. “En una cama se hacía el amor, se nacía y se moría. Era la gran escenografía humana”, señala Calonge. A su alrededor, unos libros viejos se convierten en lápidas y después en alas, en una de las imágenes más evocadoras del montaje: “Todo está escrito. Tu destino está en esos libros”.
El viaje también está poblado de referencias literarias. Virgilio, el camello, ejerce de guía en un descenso a los infiernos que remite a La divina comèdia, mientras Ramonet, el único personaje que todavía conserva la inocencia, repite un fragmento de Macbeth. Paco de La Zaranda encarna esta figura situada entre la vida y el infierno, acompañado por la bailarina Ingrid Magrinyá y la actriz Natalia Martínez, que incorporan una nueva energía física al universo de la compañía.
Fiel a su Teatro de la Resurrección, La Zaranda vuelve a hacer del dolor, el misterio y la memoria una ofrenda escénica. Porque, incluso entre aquellos a quienes el mundo ha descartado, todavía puede haber unas alas dispuestas a alzar el vuelo.
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