Anatomia de Ricard: Ricard 111
Más allá de un punto de vista
Todas las historias tienen más de un punto de vista. Cuando el relato llega a la opinión pública se pierde más de una de sus caras, quedando en la memoria colectiva, a menudo, la parte más notoria y explosiva. Es importante que, aunque no cambie la realidad, se conozca todo aquello que implica cada narrativa.
El protagonista de esta obra se encuentra en la cárcel, cumpliendo condena por un hecho ocurrido una década antes. Durante este monólogo, explicará porqué se encuentra recluido, cuando saldrá y cómo está gestionando su día a día encerrado. Pero, sobre todo, y más importante, pone en voz alta sus reflexiones, miedos y visión de futuro.
Es una obra totalmente independiente a Ricard 3r, su predecesora -el hecho que lo lleva a la cárcel-. No hace falta haberla visto para entender el relato de esto, pero sí que quizás ayudaría a poner más peso a la narración que, en algunos momentos, queda un poco floja en contenido o potencia.
Lo más interesante del texto es cómo se adentra en la vida y la mente de Ricard, como el protagonista expone ante la sociedad qué piensa de aquello que hizo, si está arrepentido y si ve un futuro para él fuera de la celda. Es un relato dinámico y muy bien estructurado, aunque en algunas ocasiones hay unos silencios demasiado largos entre escenas que hacen que todo quede en suspensión y la espectadora se quede expectante esperando un giro o una acción que no llega.
Quim Àvila es un polo de atracción durante toda la producción, atrapa al público mientras va mostrando poco a poco el fondo de su personaje, mientras deja entrar a la espectadora en su mente y la hace partícipe de sus miedos. Durante su viaje emocional y mental hacia un posible futuro, Ricard consigue que la sala conecte con la persona que hay detrás del delito y se pregunte muchas cosas que en un primer momento quedan obviadas por la atrocidad de los hechos. Y esta sensibilización es gracias a la interpretación de Àvila: humana, sensible y llena de sinceridad.
La escenografía funciona a través de varios elementos que crean los diferentes ámbitos donde se mueve el protagonista. Se utilizan diversos utensilios que, según el contexto, se transforman para ser aquello que necesita el monólogo. Anna Alcubierre construye el espacio de manera muy inteligente convirtiendo cuatro estructuras en las diferentes estancias de una cárcel.
Interesante producción que provoca muchas reflexiones sobre las enfermedades mentales, el sistema penitenciario, la responsabilidad, la gestión de la culpa y el miedo por el futuro.