Il generale, de Roberto Melchiorre, es un monólogo ambientado en marzo de 1945, en una habitación del hospital militar instalado en el Liceo Virgilio de Roma, donde el general Mario Roatta se prepara para abandonar su cautiverio.
Sinopsis
En este tiempo suspendido, marcado por gestos cotidianos —vestirse, afeitarse, prepararse para la partida—, el protagonista repasa su trayectoria, dando forma a un relato que recorre algunas de las páginas más duras de la historia militar italiana. Desde la dirección del SIM hasta las operaciones de inteligencia, pasando por las guerras coloniales en Cirenaica y Etiopía hasta la represión en los Balcanes, el general evoca acciones, órdenes y estrategias con una lucidez que no busca justificaciones, sino que se fundamenta en la obediencia, la eficacia y la lógica del poder.
El texto se construye como una larga confesión sin intermediarios, en la que la memoria personal y los documentos oficiales se entrelazan: circulares, telegramas y disposiciones militares emergen directamente en el flujo del discurso, restituyendo la concreción de un sistema basado en el control, la información y la violencia.
En este contexto, el protagonista se define a través de una conciencia absoluta de su papel: quien sabe, manda; quien posee la información ejerce un poder que va más allá del de las armas.
La narración avanza así por acumulación, recorriendo episodios de guerra, represiones, derrotas y decisiones estratégicas, hasta los acontecimientos del 8 de septiembre y el abandono de Roma, evocados como decisiones necesarias en un contexto de caos y desintegración.
Junto a la dimensión pública y militar, emerge una línea privada que introduce un contraste constante: la relación con su mujer, Ines, y con su hijo, evocados a través de una llamada telefónica, restituye una imagen doméstica y afectiva que convive, sin solución de continuidad, con la brutalidad de las acciones narradas.
Esta coexistencia no atenúa, sino que acentúa la tensión del texto, mostrando la convivencia de normalidad y violencia dentro de una misma voz.
La acción escénica se desarrolla en un único espacio y en un tiempo unitario, que coincide con la preparación de la huida. Los objetos —la ropa, el teléfono, el vaso, la maleta— se convierten en elementos concretos que acompañan y sostienen el relato, mientras que el lenguaje, directo e incisivo, alterna el registro técnico-militar con momentos de intimidad, manteniendo un ritmo intenso y continuo.
Al final, la huida del general se produce sin obstáculos, como un paso ya previsto, transformando la salida de escena en un acto casi natural, sostenido por complicidades y silencios.
La referencia a las flores, a la casa y a la figura de Ines cierra el texto en una dimensión privada que se superpone, sin resolverla, a la memoria de la violencia, dejando emerger una figura que se mantiene lúcida, coherente e imperturbable, y que continúa prefigurando una nueva historia, en nuevas tramas, en un nuevo país: la España de Francisco Franco.


