La primera ley de Newton dice que los cuerpos tienden a permanecer como están si no actúa sobre ellos una fuerza externa. Es la llamada ley de la inercia, que da título y atraviesa todo el texto con el que Eu Manzanares vuelve a poner la mirada en la educación después de El mestre i el mar. Ahora, sin embargo, traslada al público a un instituto contemporáneo de alta complejidad, sacudido por un conflicto que hace tambalear el relato de la meritocracia. “Una cosa que me obsesiona es que no todo el mundo tiene las mismas oportunidades; el discurso del esfuerzo es un engaño, la clase social influye”, afirma la autora.

El dilema al que se enfrentan los profesores de este centro educativo es qué hacer cuando descubren que Izan, un alumno a punto de graduarse de la ESO, ha copiado en los exámenes de una asignatura. Una decisión tan delicada como habitual en los claustros, que convierte La Villarroel en un callejón sin salida lleno de preguntas sin respuesta: ¿es lícito hacer trampas en una sociedad desigual o es así como se perpetúa la injusticia? “El problema es sistémico y cada uno hace lo que puede para sobrevivir. Por eso ha sido tan difícil el proceso de escritura: dudaba de si lo estaba reflejando bien porque no quería una historia de héroes y villanos”, comenta Manzanares.
Si hay un rasgo que caracteriza su teatro es la perspectiva de clase, que huye de los paternalismos y la condescendencia. En esta ocasión, la temática de Primera Llei de Newton tampoco le resultaba ajena. Ha contado con la experiencia de personas cercanas que trabajan con jóvenes en situación de vulnerabilidad y ha dejado que el texto se alimentara, de forma directa o indirecta, de las huelgas de docentes y del debate sobre la educación pública que ha marcado la actualidad de los últimos meses. Un caldo en el que se ha ido cocinando una historia tragicómica que combina humor, tensión y pinceladas de thriller: “Al final se habla de una cuestión inquietante: decidir sobre el futuro de alguien”.

El argentino Nelson Valente dirige una puesta en escena realista, pero que juega con los flashbacks y la simultaneidad de escenas. Se trata de un espacio maleable en el que también hay lugar para las licencias poéticas y oníricas del tiempo y el espacio. Lua Amat, Dafnis Balduz, Sara Diego, Rosa Gamiz, Anna Sahun y Max Vilarrasa forman un reparto que, para la dramaturga, es todo un acierto, ya que los intérpretes encajan “con la energía y la corporalidad de cada personaje”.
Aunque Manzanares reconoce que Primera Llei de Newton está escrita desde su punto de vista adulto, el resultado también puede resultar interesante para espectadores adolescentes: “Es como mirar por un agujero mientras en la sala de profesores se está tomando una decisión urgente y trascendente”. Y es que, para ella, una educación pública de calidad sería como aquella fuerza que definía Newton: imprescindible para conseguir un pueblo “más libre y más justo”.
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