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MEMORIA DE UNA REVOLUCIÓN TEATRAL

El nacimiento del Teatre Lliure

El Teatre Lliure celebra cincuenta años de servicio público. Hacemos memoria hablando con Lluís Homar, Guillem-Jordi Graells, Imma Colomer, Toni Sevilla, Xavier Clot y Lluís Llach.

Este septiembre se han cumplido cincuenta años de la entrada de un grupo de profesionales de las artes escénicas en la Cooperativa Obrera La Lleialtat, en el barrio de Gràcia. En solo tres meses transformaron aquella casa en un espacio escénico que cambiaría para siempre el teatro catalán: el Teatre Lliure. Los fundadores eran Muntsa Alcañiz, Xavier Clot, Imma Colomer, Francesc Espluga, Joan Ferrer, Lluís Homar, Carles Jorge, Quim Lecina, Anna Lizaran, Josep Minguell, Lluís Pasqual, Pere Planella, Joan Ponce, Domènec Reixach, Fermí Reixach, Josep Ros Ribas, Antoni Sevilla y Carlota Soldevila. Por encima de todos, sin embargo, destacaba Fabià Puigserver, impulsor e ideólogo del proyecto.

‘Camí de nit, 1854’ inauguró el Teatre Lliure © Ros Ribas (l’Arxiu Lliure del Teatre Lliure)

Tras la muerte del dictador, los profesionales de las artes escénicas se rebelaron a través de las asambleas para renovar un sector asfixiado. Puigserver quería dar un vuelco al paradigma del teatro catalán y crear un teatro entendido como un servicio al pueblo y una herramienta cultural transformadora. Tal como explica Lluís Homar, quería hacerlo “tomando como modelo lo que había sido el Piccolo Teatro de Milán, bajo las órdenes de Giorgio Strehler, un teatro de arte para todos”.

Puigserver ya era una persona muy reconocida en el sector: profesor, director y escenógrafo. Con Lluís Pasqual formó un buen tándem profesional. La Setmana Tràgica, una obra renovadora y arriesgada, fue su primer éxito de público. También creó el Teatre de l’Escorpí con Josep Montanyès y Guillem-Jordi Graells. Este último, pese a tener una importancia fundamental en los primeros años del Lliure, no es uno de sus fundadores. Lo explica así: “Fui de los últimos en enterarme porque no era actor ni escenógrafo, sino que hacía un poco de todo. No les encajaba. Pero un año después vinieron a buscarme para que ejerciera de gerente de la empresa”. Graells estuvo allí hasta la crisis de Concili d’amor, en 1980.

Fabià Puigserver, Lluís Pasqual, Lluís Homar o Ramon Madaula entre otros (1990) © Ros Ribas (l’Arxiu Lliure del Teatre Lliure)

Todos los fundadores tenían algo en común: Fabià Puigserver había ido a buscarlos. Imma Colomer lo conocía como profesor y recuerda el taller que tenía en casa, La Sibil·la: “Yo lo conocía como profesor. Además, tenía un taller en casa, La Sibil·la, donde siempre lo veías cosiendo todo tipo de vestuario; podía entrar en su casa, hablar con él… Cuando me lo propuso, no tuve ninguna duda: sabía que haríamos algo de cojones”. Su pasión se contagió a todo el equipo, que se remangó para construir el teatro. Ensayaban por la mañana y, cuando paraban, pintaban o preparaban la escenografía. Toni Sevilla lo recuerda con emoción: “Era una maravilla. Pasábamos todas las horas allí. Por la mañana ensayábamos y, cuando parábamos, nos poníamos a pintar o a preparar la escenografía”.

La construcción exigía resolver también la infraestructura eléctrica. Xavier Clot, amigo de Lluís Homar y primer iluminador del Lliure, fue convencido por Puigserver y Pasqual. Lo consideraba “el sueño de mi vida: trabajar en aquello que hacía más bien como aficionado, hacerlo profesionalmente y, además, en una cooperativa”. El primer Lliure tuvo una instalación revolucionaria para la época: ocho focos, seis PC y dos recortes. Según la crítica, Camí de nit, 1854 era la obra mejor iluminada de la historia del teatro catalán.

‘Camí de nit, 1854’ © Ros Ribas (l’Arxiu Lliure del Teatre Lliure)

La obra inaugural fue una declaración de intenciones. Camí de nit, 1854 recuperaba la historia de Josep Barceló, el primer mártir de la clase proletaria catalana. Lluís Pasqual escribió la obra a medida que avanzaban los ensayos, siguiendo la línea de La Setmana Tràgica. La música la compuso Lluís Llach, amigo de Puigserver y Pasqual e implicado en las protestas culturales. Recuerda: “Un día les dije: ‘A ver, si os pido que me decoréis el piso, ¿qué os puedo dar a cambio?’ Y me dijeron: ‘Haz la música de Camí de nit, 1854’”. Dicho y hecho, Llach fue a La Lleialtat para conocer a los actores y ver los ensayos. “Empezamos una sesión de clases de canto y vi las voces que tenía. Compuse expresamente para cada uno de ellos, según su voz”.

Finalmente, el 2 de diciembre, las puertas del Lliure se abrieron. El público aplaudió espontáneamente antes de empezar la función y escuchó las primeras palabras pronunciadas en el Lliure de Gràcia, que Lluís Homar nunca ha olvidado: “La cuestión la arrastramos desde hace años: te meten en filas dentro de una fábrica y te pagan a tanto la pieza, como antes, como si lo hicieras en casa”. Aquellas palabras resonaban en una sociedad que luchaba por la libertad.

Vista general de los asistentes al inicio de las obras del Palau de l’Agricultura © Ros Ribas (l’Arxiu Lliure del Teatre Lliure)

Durante diez años, este grupo levantó un teatro de servicio público, con un firme compromiso con el arte y con los recursos que sus manos y su ingenio permitían. Recibieron reconocimientos como el Premio Nacional de Teatro, pero también afrontaron discusiones dentro de la familia del Lliure. Toni Sevilla lo resume así: “Había problemas, pasaban cosas. Pero lo más importante era el Lliure: bajábamos las espadas y seguíamos adelante”. Los testimonios de Lluís Homar, Guillem-Jordi Graells, Imma Colomer, Toni Sevilla, Xavier Clot y Lluís Llach permiten reconstruir aquella etapa. Hoy el teatro ha cambiado, pero conviene recordar sus orígenes.

Todos los espectáculos y actos para celebrar los 50 años del Teatre Lliure los podrás consultar haciendo clic aquí: Gràcia y Montjuïc.

Escrito por
Marti-Figueras

Periodista, crítico teatral, gestor de contenidos y locutor del podcast Sota l’iceberg en El Temps de les Arts. Firma habitual en Núvol, también ha colaborado en MasTeatro, RAC1, La Mañana, Coolt o La Torre de Barcelona.

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