El homenaje que nadie esperaba
El Teatre Lliure celebra sus 50 años de existencia. En 1976, concretamente el día 2 de diciembre, un grupo capitaneado por Fabià Puigserver abría las puertas de una antigua cooperativa de Gracia, ya reformada como teatro. A la aventura también se había sumado Carlota Soldevila, Lluis Pasqual y Pere Planella, y la primera obra representada fue Camí de nit, 1854. Los éxitos y los aciertos que producía rápidamente aquella entusiasmada compañía llegaron a dar un montaje todavía recordado por muchos espectadores. Corría el 21 de marzo de 1979 cuando Planella estrenó La bella Helena, la opereta de Jacques Offenbach que interpretaban Anna Lizarán, Muntsa Alcañiz, Imma Colomer, Lluís Homar, Juanjo Puigcorbé, Fermí Reixach y otros muchos.
Cuarenta y siete años más tarde, el Lliure ha cometido la osadía –para mí, el acierto- de invitar al Col·lectiu Miserable que capitanea Miquel Mas Fiol para que recreara o hiciera lo que quisiera con aquel material. El grupo, que la temporada pasada ya representó varias de sus piezas (Els miserables, Càndid o l’optimisme i Les penes del jove Werther) en el Espai Lliure, parte del montaje original y pone el foco en una serie de actores y músicos que quieren volver al espíritu original del teatro. Hablan de que han pasado semanas acampados en el edificio de Gràcia, montando decorados, pintando y cosiendo el vestuario que se nos presenta. Y es a partir de aquí cuando los jóvenes artistas empiezan a cuestionarse desde dentro la profesión de actor, la entrega absoluta, las miserias, los sacrificios e incluso el cambio de rumbo del teatro… ahora una institución respetada y aparentemente más intocable.
El homenaje y la crítica se dan la mano todo el rato, consiguiendo un espectáculo gamberro, divertido y absolutamente desacomplejado. No sabemos si habrán caído del todo bien los comentarios a la lucha de egos, a las polémicas de Pasqual o a las direcciones discutibles de la época de Montjuic, pero incluso los exabruptos más escandalosos exudan amor por la institución, por el tipo de teatro que crearon y por la herencia que han dejado a muchas compañías posteriores. Y es que los excesos también permiten ver los valores del Col·lectiu Miserable, con unas espléndidas interpretaciones de Carme Milán, Mel Salvatierra, Gerard Franch y Lluís Oliver. La parte musical –y no solo musical- la ponen con mucho acierto Sergi Boqué, Jordi Cornudella y Nuria Vinyals.
Creo que esta aproximación a La bella Helena ya es, desde ahora mismo, uno de los espectáculos de la temporada. Por valentía, por ingenio, por amor a la profesión… y a todo lo que comporta. No os perdáis la parte del entremés (una auténtica virguería) y si vais y os invitan a participar o a ayudar, no lo dudéis en ningún momento. El teatro lo hacemos todos: los de un lado y también los del otro. Y casi seguro que salís comprendiendo algo más de las raíces del Lliure… ahora ya un poco olvidadas.