Perplejidad temporal
El colectivo AMAGA presenta, dentro del Festival Grec, su segunda obra. Este pieza sigue incidiendo en los grandes géneros por los que se mueve la compañía: el ilusionismo, el movimiento, las artes plásticas y el audiovisual. Si en el primer montaje (I tried speedrunning virtuality and the acceleration phisically hurt me) se estudiaban las voluntades y las capacidades sensitivas de diferentes fenómenos de Internet, aquí se habla de la percepción del tiempo mezclado con la soledad, las relaciones familiares y la perplejidad ante un mundo que no nos deja salir o bien no deja entrar nadie (la puerta con 12 cerrojos es un buen ejemplo). Todo esto, sin olvidar tampoco los vínculos con las nuevas tecnologías, representadas aquí por un streamer que decide cuando acaba el año y cuando empieza otro.
La pieza juega muy hábilmente con las diferentes técnicas expuestas, sobre todo con un ilusionismo que va más allá del truco y que nos permite entrar en un mundo irreal, quizás onírico o quizás fantasmagórico. Las trazas del cine de terror o de ciencia ficción también juegan un papel importante, dando a todo el envoltorio una estética muy concreta. Un envoltorio que habría hecho las delicias de Brossa y que emparenta muy bien con el universo del poeta.
La pieza se redondea con la presencia del protagonista, un hipnótico Arnau Boces Obis que juega con movimientos corporales descompuestos y fragmentados. Un tipo de gestualidad que últimamente ha creado escuela gracias a las compañías de danza La Veronal o Peeping Tom. Referentes que también estarían ligados al colectivo AMAGA, sobre todo por la perplejidad y el misterio que saben crear entre los espectadores.