Inercia, fútbol y dilemas morales
La alianza entre la autoría de Eu Manzanares y la dirección de Nelson Valente suele ser, por definición, una garantía de buen teatro. Con la llegada de Primera llei de Newton a La Villarroel, esta premisa no solo se confirma, sino que se expande. Nos encontramos ante una propuesta que dialoga perfectamente con otra obra actualmente en la cartelera barcelonesa, La bufetada, compartiendo un conflicto de fondo que detona un interesantísimo choque generacional.
La pieza se mueve con soltura en el terreno de la comedia de conflicto. Es comedia porque la risa y el ingenio están asegurados, pero es de conflicto porque desarma al espectador y lo arrastra a una encrucijada moral: aquí toca mojarse y decidir qué es justo o injusto según los propios valores y la forma que cada uno tiene de entender la vida. Además, el juego de espejos con la realidad es innegable; sin llegar a ser una biografía explícita, resulta casi evidente que la dramaturgia se inspira en pasajes de la vida personal y profesional del futbolista Lamine Yamal para estructurar sus tensiones.
Una comedia que divierte en la superficie pero que, por debajo, te obliga a elegir bando según tus propios principios éticos.
Con una puesta en escena correcta que cede todo el protagonismo a la palabra y a la acción, el montaje destaca de manera sobresaliente por la interpretación de Rosa Gamiz. Su personaje defiende, quizás, la postura menos popular del conflicto, pero es precisamente a través de sus deliberaciones y de su aplastante lógica como la obra consigue abrir los ojos del público y sembrar la duda en la platea.
El gran acierto conceptual de la propuesta es utilizar la primera ley de Newton (la ley de la inercia) como hilo conductor. Lejos de ser un recurso gratuito o meramente decorativo, la metáfora de los cuerpos en reposo y las fuerzas externas resulta brillante, profunda y de una coherencia dramática impecable. Una cita teatral obligatoria que agita conciencias mientras arranca sonrisas.