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Panorama des del pont

Captar el tormento con destreza

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Sílvia Moreno Palomar
Una opinión de Sílvia Moreno Palomar
01/11/2026 · Teatre Goya

Traspasar el límite parece imposible en algunos aspectos, pero a veces una decisión en un segundo puede cambiarlo todo. Las bajas pasiones toman el control de los humanos y pueden provocar comportamientos errantes y caóticos, que escapan de la lógica y la moral. Aquello que era felicidad y paz se convierte en caos y violencia.

Silvia Munt dirige este clásico de Arthur Miller que sitúa la acción en 1955, concretamente en Brooklyn en una comunidad de inmigrantes que sobreviven como pueden, donde el honor y la lealtad tienen más peso que el dinero. Eddie Carbone vive en una casa con su mujer y su sobrina, cuando deciden dar cobijo a los primos de la mujer acabados de llegar de Italia a escondidas, buscando una nueva vida antes que los coja la policía y los devuelva a su país. La llegada de los primos removerá un tormento que se ha cocinado a fuego lento.

El texto de Miller es potente, atrapa y captiva al público con su fuerza y su destreza a la hora de insinuar más que mostrar las verdaderas pasiones de sus personajes. Con un inicio cuotidiano, contextualizando a los personajes en un espacio y época, poco a poco se van sucediendo escenas que muestran situaciones cuestionables que van construyendo el relato y tensándolo hasta llegar a la explosión final, donde todas las sutilezas quedan atrás y la realidad queda expuesta ante la espectadora. Esta estructura de la narración ayuda a tener al público enganchado toda la obra, sintiendo la inquietud de cada personaje.

David Selvas es un Eddie espléndido. Controla perfectamente los tempos en su transformación del tío cercano y luchador por un futuro mejor a un hombre que, sin saberlo, intenta luchar contra sus pasiones más oscuras, que sin poder evitarlo lo pierde todo y encuentra en la lucha por reestablecer su honor su última oportunidad. Tanto su movimiento en escena, como su gestualidad y su mirada van cambiando a medida que su personaje cae en el pozo, dejando ver al público un desgaste real de personaje e intérprete encima del escenario. Laura Conejero es una fuerza de la naturaleza, su Breatice se mantiene al margen intentando poner paz en las diferentes confrontaciones, hasta que no puede más y dejar ir su desconsuelo y rabia por cómo acabará todo. Conejero, en todo momento, consigue mantener la justa medida de dolor e indignación, y crea un personaje cercano y fuerte.

Laura Caja (Catherine) y Jan D. Casablancas (Rodolpho) crean una química interesante entre sus personajes, aunque a veces bordean el límite de la emoción, a punto de traspasar aquello que ya no es verosímil. El personaje de Marco, interpretado por Nil Cardoner, tampoco acaba de cuadrar en los tempos de la historia, queda un poco abrupto su cambio de actitud entre estar calmado y, de repente, sentir una venganza acérrima. Es un viaje en el personaje no muy creíble. Por lo que se refiere a Eduard Buch, Alfieri el narrador de la historia, su interpretación sobrepasa un poco la templanza que su personaje debería tener. En demasiadas ocasiones llega a una sobreexposición emocional que no cuadro con aquello que se espera de Alfieri.

La puesta en escena, sobria y sencilla, muestra la pobreza en la que viven los personajes de la historia, y el detalle final sorprende al público y contiene una metáfora muy acertada. Un marco interesante para esta historia.

Ver encima del escenario clásicos con esta calidad de texto e historia es un auténtico placer.

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