El deseo que lleva a la destrucción
Arthur Miller sitúa esta obra en el Brooklyn de 1955 cuando había pasado la gran ola migratoria hacia EEUU de finales del siglo XIX y principios del XX. Ellis Island se había cerrado definitivamente en 1954 y en ese momento había menos inmigrantes pero más control administrativo. Es el momento en el que una pareja afincada en NY, Eddie y Beatrice acogen a dos primos italianos. Sobre ellos planea el peligro de la denuncia en el Departamento de Inmigración. Con la pareja vive una sobrina huérfana, Catherine, que acogieron de pequeña cuando murieron sus padres. Cuando se representó hace 10 años en el Romea la dirección daba mucha importancia al ambiente de la inmigración italiana, a los estibadores del puerto, los temas comunitarios, la omertá y el honor como leit motiv de los comportamientos de la comunidad italiana.
La directora Silvia Munt ha optado por acercar el objetivo y dar más importancia a los personajes y a los conflictos psicológicos y familiares. Resalta el papel de la mujer de Eddie, Beatrice. El escenario de Laura Clos “Closca” está vacío de elementos realistas y el espectador sólo vive un drama personal y familiar que podría ser perfectamente actual.
El personaje principal, Eddie, atormentado por el deseo, trae la desgracia a la familia. La obra pone al descubierto los sentimientos escondidos y profundos que ni él mismo puede aceptar. Arthur Miller era un maestro en ello. Tocando los inevitables problemas actuales de la inmigración, Silvia Munt nos muestra sobre todo el poder del hombre. David Selvas es Eddie y sentado de espaldas al público y apoyado sobre la mesa, nos muestra una espalda ancha y poderosa, momento álgido de la demostración de su fuerza y poder. Está soberbio en su papel. Laura Conejero es Beatrice, la mujer consciente del drama por el que está pasando su marido. Intenta hacérselo ver y desviar su atención hacia ella sin conseguirlo como tampoco lo consigue el amigo y abogado Eduard Buch. La sobrina, donde recae la fuerza dramática de la obra es Laura Gaja, espléndida en los papeles de niña y adulta que no sabe cómo huir de las garras de su tío, confundida entre los sentimientos de admiración, agradecimiento y miedo. Los dos primos que destapan lo inevitable son Nil Cardoner y Jan D. Casablancas. Todos ellos logran remover sentimientos y hacernos aún más conscientes de la vulnerabilidad de los inmigrantes y del todavía vigente heteropatriarcado.