La trampa de la masculinidad
Este clásico de Arthur Miller retrata las trágicas consecuencias de una masculinidad tradicional, posesiva, frágil, obsesionada con el honor e incapaz de tolerar otras formas de ser y de hacer. Eddie Carbone quiere mantener el control sobre su sobrina Catherine, que se enamora de Rodolpho, un inmigrante italiano que no encaja en su rígida idea de lo que es un hombre.
La inmigración y la indefensión de las personas sin papeles son otro de los temas de fondo. Además de resonar con el contexto actual, funcionan como el mecanismo que permite que este conflicto íntimo desemboque en un final propio de una tragedia griega.
Uno de los grandes valores del texto es la construcción de Eddie. Su sexualidad parece no estar del todo resuelta, como sugieren su relación con Beatrice y su obsesión por acusar a Rodolpho de homosexual. Así, Eddie encarna la idea de que a menudo se odia lo que más se teme de uno mismo. Por eso se aleja de la figura clásica del maltratador y aparece también como víctima de la norma que ha decidido acatar, aunque eso no lo exime de responsabilidad del mal que genera en el camino. La acertada interpretación de David Selvas consigue que sintamos tanto ternura como terror hacia este personaje.
La obra avanza con buen ritmo, sostenida por unas interpretaciones que mantienen la tensión hasta el último momento. Y deja una idea incómoda que sigue vigente más de setenta años después: esa masculinidad tradicional es capaz de generar violencia en diversas escalas: a nivel social, a nivel familiar y hacia uno mismo.