Una plasticidad atractiva y potente
Parece que el mundo cambia y que avanza, dejando atrás situaciones que en otros tiempos fueron horribles, preocupantes y demoledoras. Pero la verdad es que la sociedad, y los humanos, no aprenden del pasado y están condenados a repetir los errores que convierten un pueblo en egoísta e individual, que lucha por un bien propio -y no común- sin importar a quién se lleve por delante.
Esta obra, texto de Bertolt Brecht y música de Kurt Weill en colaboración con Elisabeht Hauptmann, expone una sociedad donde el capitalismo se está imponiendo a marchas forzadas, donde el individuo hace lo que sea para sobrevivir y prevalecer sobre los demás para su propio beneficio. Poco a poco, la estructura que funcionaba y que hacia del trabajo colectivo la fuerza de las clases más pobres y miserables se va rompiendo con la tentación y el engaño de los más poderosos. Una crítica feriz y muy musical a la sociedad.
Marta Pazos dirige un reparto espléndido en un montaje muy dinámico, lleno de plasticidad y una estética atractiva y potente. El vestuario, los peinados y el maquillaje, atrevidos y fuera de las líneas convencionales, impactan al público y le ayudan a adentrarse en este mundo de miseria que se representa en el escenario (nada mejor que unas palomas para expresar eso). Dani Espasa, en la dirección musical, arregla unos números ligeramente operísticos que dan título a la obra y construyen un escenario rítmico y expectante por cómo será el siguiente número.
Tanto el montaje escénico como musical ayudan a dar movimiento a un texto más actual de lo que parece, que provoca una reflexión y una mirada al presente más desesperanzado. Un relato que, aunque estimula al público también se hace pesado en algunas partes, momentos en qué la acción parece encallada y, por mucho que el marco de la obra lo intente, rompe con el ritmo de la producción y la atención de la espectadora que desconecta intermitentemente de la narración.
El reparto es una delicia, cada personaje que pisa el escenario lo hace con fuerza y determinación. Un trabajo coral y conjunto bien acoplado que estructura uno de los elementos más destacados de la obra: la interpretación, dramática y musical. Miriam Moukhles demuestra una vez más que es una bestia escénica, que puede hacer lo que quiera y convertirse en cualquier personaje. Su Polly es divertida, a veces inocente y al mismo tiempo con determinación, y crea un personaje que se queda en la retina del público, al cual captiva con su voz y su capacidad música. Una característica que comparte con Roc Bernadí, quien también tiene algunos de los momentos musicales más destacados de la obra.
Es una producción atractiva en forma y en parte de su fondo, si el texto pudiera ser recortado en algunas escenas ayudaría a que la atención del público estuviera conectada toda la representación y apreciase las sutilezas de una obra de estas características. A pesar de este pequeño desconcierto, se trata de un impacto visual e interpretativo que vale mucho la pena de disfrutar.