La verdadera historia de Ricardo III
Ricardo, Shakespeare y Bieito
El Festival Grec del 2026 ha tenido un personaje teatral como gran protagonista, y es que hasta tres producciones diferentes se han basado en Ricardo III. Ninguno de los espectáculos utiliza el texto original de Shakespeare, pero sí se basan en la figura de este rey que reinó solo dos años y que fue el último monarca de la casa de York. Desde el estreno de la obra shakespeariana, Ricardo III ha sido visto como un personaje cruel, despótico y fuertemente manipulador. No sabemos si esto es una verdad absoluta o la visión que han querido vender las casas reales que han venido posteriormente… Tampoco sabemos si es cierto que el cadáver aparecido en un aparcamiento de Leicester el 2012 es el suyo, pero la versión de Calixto Bieito y Adrià Reixach lo coge de excusa para intentar modernizar el mito y humanizar –aunque no se consiga del todo- la figura del famoso rey.
El otro gran aliciente de la función era el retorno de Bieito, un director que se prodiga poco por nuestros escenarios… y menos en producciones teatrales. Para los que no recuerden los noventa y principios de los 2000, se tiene que decir que Bieito fue el director de moda. Todas sus producciones se convertían en grandes éxitos (Anfitrión, Company, La casa de Bernarda Alba, La vida es sueño, Macbeth, Plataforma), ganaba todos los premios habidos y por haber, dirigió el Teatro Romea durante once temporadas, etc. Durante esta época empieza a probar con la dirección escénica del mundo de la ópera, transformando el estilo lírico y provocando un auténtico revulsivo en toda Europa. Actualmente reside en Basilea y todavía se prodiga más por las grandes catedrales de ópera que por los teatros…
La verdadera historia de Ricardo III recuerda muchos de los tics del director, que utilizaba muy a menudo el sexo y la violencia como motores de sus propuestas. Podríamos decir, hasta cierto punto, que este estilo le procede a un drama tan oscuro y tremendista como este, pero también podemos asegurar que los años no han pasado en balde. Lo que antes parecía provocación ahora ya es una cuestión superada y largamente imitada por compañeros de profesión. Lo que antes parecía seducción ahora es un espacio libre para los gritos, las sobreactuaciones y la desmedida. De todas formas, no faltan momentos brillantes aislados y escenas para el recuerdo, como por ejemplo el prólogo, la escena del coche o la batalla final en una guardería. También hay que destacar la expansiva y juguetona aportación del televisivo Joaquín Furriel, el gran protagonista de este montaje.