Juan Diego Botto: Una noche sin luna
Catarsis lorquiana
A veces pienso qué habría sido de Lorca si no hubiera sido asesinado a principios de la Guerra Civil por los fascistas. ¿Hubiera marchado en Sudamérica, como tantas veces le pidió Margarida Xirgu? ¿O habría vuelto a Nueva York? ¿Habría seguido escribiendo teatro? ¿Cuántas obras maestras le quedaron por escribir? ¿Qué habría pasado con La Barraca? Preguntas sin respuesta que se quedaron suspendidas en el tiempo…
Una noche sin luna no intenta hacer ningún ejercicio de futurología sino todo lo contrario, puesto que analiza a través de las palabras del mismo poeta todo lo que lo condujo a un desenlace tan terrible. A través de anécdotas, fragmentos de las conferencias que hacía por los pueblos e historias reales que han llegado hasta hoy podemos ver el talante de un escritor concienciado con la pobreza y las necesidades de la sociedad de la época. Luchó hasta el último momento para acercar la cultura al pueblo y no se cansó de visitar e inaugurar muchas de las bibliotecas que el gobierno republicano se encargó de ir abriendo por todo el Estado. Si a esto sumamos su homosexualidad, que ya empezaba a ser un secreto demasiado publicitado, tendremos los motivos que los fascistas consideraron suficientes para ejecutarlo. Una barbaridad como tantas que vendrían después y que sumirían el país en una tristeza infinita.
Juan Diego Botto y Sergio Peris-Mencheta crearon este maravilloso espectáculo ya hace seis años, y desde entonces han conseguido ganar premios, llenar teatros y poner la figura de Lorca al lugar donde se merece, sobre todo en una época en que todo vuelve a ponerse en entredicho. La dirección del montaje está hecha para llegar directa al corazón del espectador, al igual que el texto que Botto ha escrito desde la mente pero también desde las entrañas. Un espectáculo que toca la fibra sensible, que produce una catarsis colectiva y que consigue cada noche la aprobación unánime del público. Un pequeño milagro de aquellos que se producen muy de vez en cuando, y que encima cuenta con una interpretación irrepetible de Botto que ya forma parte de nuestro imaginario.
Por último, solo destacaría la imagen final, que no os desvelaré por no arruinaros la función. Una imagen potente, simbólica y realmente poética. Una muestra más de un espectáculo que ya es historia.