El pesimismo alegre (Mi suicidio)

El deseo de desaparecer

Roser Garcia Guasch
Una opinión de Roser Garcia Guasch
14/10/2026 · Sala Beckett

En un día lluvioso, entra el autor-actor en escena, pliega el paraguas, se quita el abrigo, lo dobla con mucho cuidado y se pone a escribir una carta a un amigo explicándole su intención de suicidarse. A partir de ahí, el autor interpretado de forma brillante por Mario Gas, sin un hilo narrativo concreto va expresando sus pensamientos y sentimientos.

No es ningún lamento ni explicación que justifique esta decisión. Es todo lo contrario, un canto a la vida y a los placeres. Es una decisión serena y tranquila de una persona que le parece haber vivido suficiente y que conoce y decide el final. El autor, Henri Roorda, conocido también bajo el seudónimo de Balthasar (1870–1925) fue un pedagogo anarquista, profesor de matemáticas en la Suiza francófona, muy crítico con el mundo educativo, la enseñanza autoritaria y defensor de una pedagogía basada en la libertad y la curiosidad. Su libro había sido pensado inicialmente como Le pesimisme joyeux pero finalmente optó por titularlo Mon suicide (Mi suicidio) porque consideraba que reflejaba mejor cómo se sentía.

No pretende hacer examen de conciencia sino sencillamente habla de la sociedad, el trabajo para acumular el dinero necesario para la vejez, la educación, el ciclo de la vida, la necesidad de reproducirse para que la vida pueda continuar, la pobreza, el gozo por la música. Mario Gas se va paseando por el escenario con una copa de Oporto en la mano y tarareando fragmentos de óperas, de Aida, de La Boheme y la que va repitiendo constantemente Addio al passato de La Traviata. Como Violetta Valéry se despide de todo su pasado tranquilamente. En su caso, la muerte no es algo romántico sino sencillamente un hecho que debe llegar y él lo precipita utilizando a veces un tono irónico e incluso sarcástico.

Aparte de las referencias a su mujer con un cierto grado de arrepentimiento por no haberla amado lo suficiente, el papel de la mujer es absolutamente marginal. Estamos a principios del siglo XX y la mujer es la que proporcionaba solo ternura y placer sexual.

Traducido por Miguel Rubio al castellano, con la dramaturgia de Fernando Bernués, Vicky Peña y el propio Mario Gas, han rescatado de la memoria a un autor que merece ser recordado. Se lo agradecemos infinitamente.

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