Homenaje a los cómicos de posguerra
Poco se podía imaginar Fernando Fernán Gómez, cuando dirigía a José Sacristán en Viaje a ninguna parte, que este último lo interpretaría en el teatro cuarenta años después. En aquella película ya se explicaba la penosa vida de los cómicos que iban de pueblo en pueblo ofreciendo sus funciones y sobreviviendo de un oficio que en muchas ocasiones daba más disgustos que alegrías. Ahora, en el teatro, Sacristán coge como base las memorias de Fernán Gómez (El tiempo amarillo) y adapta la primera parte. Una parte, precisamente, donde se explica lo que ya decíamos antes: las penurias de los actores en la época de posguerra, la relación con la madre y la abuela, el descubrimiento de un mundo artístico mucho más jerarquizado de lo que podía parecer, etc. Una infancia y adolescencia llena de lucha y sacrificios, que acabaría dando finalmente una de las carreras más sólidas dentro del teatro y el cine españoles.
El texto se construye a base de nostalgia y amor por un oficio, y también por unas personas que forjaron, como pudieron, una personalidad inquieta y muy juguetona. El retrato de la abuela es realmente entrañable, pero también el de la madre, ausente en un principio y totalmente decisiva en la adolescencia a la hora de inocular a su hijo aquello que Rodolf Sirera llamaba “el veneno del teatro”. Y por medio, personajes de todo tipos: algunos poco esperados y otros irremediablemente decisivos en la vida del actor. Es cierto que a veces hay datos que quedan un poco confusos o historias que tienen sus agujeros, pero también hay que entender que se ha elegido solo unas cuántas pinceladas para resumir una vida larga y compleja.
Y párrafo aparte se merece José Sacristán, director, adaptador y sobre todo intérprete de estas memorias convertidas en monólogo. Como actor, podemos decir que a sus casi 89 años (las cumplirá antes de acabar las funciones en el Romea) conserva intactas las características que lo han convertido en uno de los más grandes actores del país. Conserva la intuición, las ganas, el sentimiento… y sobre todo una voz que no necesita amplificaciones ni ningún ejercicio de dicción. El resultado es un maestro regalándonos un trocito de vida de otro genio… Sería una lástima que os lo perdierais.