Anatomia de Ricard: Ricard 111 

Siguiendo los pasos de Ricardo

Carles Armengol Gili
Una opinión de Carles Armengol Gili
20/07/2026 · Sala Beckett

El año 2015 la Sala Beckett, cuando todavía estaba ubicada en el barrio de Gracia, estrenó un pequeño montaje que se representaba en una sala de ensayo y que tenía que hacerse solo durante un fin de semana. El éxito fue tal que la función se alargó cuatro o cinco semanas más. Supongo que se reunieron varios factores: un texto interesante y juguetón de Gerard Guix, una de las primeras direcciones de Montse Rodríguez (A.K.A., Scratch), el descubrimiento de Quim Àvila y una de las últimas obras que se representaba en la Beckett antes de su traslado al Poble Nou. Y todo bajo la excusa de Shakespeare y de uno de sus personajes más controvertidos, el rey Ricardo III.

Ahora que han pasado once años, se ha querido seguir al personaje principal –un adolescente que acababa produciendo una matanza- y ver su día a día en la prisión donde cumple condena. Quim Àvila vuelve a ponerse en la piel de Ricard, un hombre que ahora vive atormentado por su pasado pero convenientemente apaciguado por un complejo tratamiento farmacológico y psiquiátrico. Cuando algo falla (tanto del interior como del exterior de la prisión), el fantasma de Ricardo III volverá a asomar la cabeza y a amenazar la tranquilidad del preso.

Creo que la obra, ta pesar de una buena estructura y un progreso coherente e interesante, coge un camino demasiado plano y no acaba de jugar todas sus cartas. ¿¿Qué hubiera pasado si se hubiera jugado a la sorpresa? ¿Y si el mal hubiera hecho acto de presencia? ¿Por qué el rey Ricardo III no acaba de ser más que una sombra? Quizás son demasiados deseos para una pieza que cumple sus objetivos, que se recrea incluso en las partes gestuales que tanto caracterizaban la primera parte y que nos regala una buena interpretación de un siempre eficaz Quim Àvila.

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