Perfectament imperfecta
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Drama

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Perfectament imperfecta es un monólogo dirigido por Laura Domènech Vila e interpretado por Montse Rodríguez i Clusella. Un espectáculo basado en la novela de Carla Gracia Mercadé que explora qué pasa cuando los cimientos de nuestra vida se agrietan y nos vemos forzados a reconstruirnos. Un grito de libertad. Una manera de decir: “Esta soy yo. Y está bien así”.

Sinopsis

A Rut le parece que por fin tiene la vida controlada. Un trabajo fijo y con cierto prestigio como profesora en la Universidad, una casa con jardín como había querido de pequeña, un marido que la quiere y dos hijos. Pero cuando su hijo de 8 años empieza a sufrir episodios de psicosis y le detectan TEA, todo lo que le parecía sólido se hunde. A la vez, su madre, enferma de cáncer terminal, decide casarse con un playboy italiano y la invita a lo que a ella le parece una boda esperpéntica en un glamping de Ametlla de Mar. Su psicóloga la anima a ir y le propone que empiece una lista de cosas que aprende de su hijo. Rut, educada para ser una ‘niña buena’, seguirá sus instrucciones. Lo que no sabe Rut es que a través de este viaje se acercará por fin a su madre, se confrontará con las decepciones de su matrimonio, redescubrirá un viejo amante, digerirá la realidad de su hijo y, sobre todo, desempolvará memorias olvidadas y curará heridas antiguas que le impedían ser quien realmente es: una mujer fuerte e imperfectamente perfecta. Porque quizás la vida a veces es un mal trago, pero los malos tragos pueden sacar lo mejor de ti misma; incluso pueden recordarte quién eres.

Notas de autoría

Llego a casa y me encuentro un sobre en el buzón a nombre de Gael, mi hijo. Es de la Generalitat de Catalunya, del Departamento de Derechos Sociales. Lo abro. Dentro hay una carta y una tarjeta blanca con dos líneas que duelen de lo rojas que son. En letras negras dice: Tarjeta Acreditativa de la Discapacidad. Grado: 49 %.

Después de cinco años persiguiendo una respuesta a la pregunta «¿qué le pasa a mi hijo?» y un año y medio de trámites administrativos, tenemos dos acreditaciones. En una dice que Gael tiene una discapacidad de casi el 50 % (un 49 % y no un 50 % para que el Estado se ahorre una pensión) y una dependencia del 69 % (de nuevo un 69 % de dependencia y no un 70 % por el mismo motivo: ahorrar costes al Estado del bienestar). Son solo números; no dicen si le falta una pierna, si es daltónico o sordo. Solo son números. Pero esos números representan lo que supone acompañar a Gael en el día a día y la angustia que lleva dentro, con la que convive. Respiro y me ahogo al mismo tiempo.

No le enseño la tarjeta a Gael; me la guardo en la cartera. A él le digo que podrá pasar por la fila rápida de las atracciones de PortAventura. Le ha parecido algo extraordinario.

Perfectamente imperfecta es una declaración de principios. Durante años intenté encajar, hacerlo todo bien, cumplir con lo que se esperaba de mí como hija, profesional, pareja y madre. Pero todo estalló con mi hijo Gael. Él no era perfecto, era diferente. Al principio, cuando íbamos al parque o a cualquier otro lugar y tenía comportamientos disruptivos, pedía disculpas constantemente. Hasta que un día me cansé. Dejé de pedir perdón por cómo era mi hijo y empecé a centrarme en cómo se sentía él. Si él estaba bien, yo también.

Y entonces entendí que eso también valía para mí. Yo no soy perfecta. Pero no pienso seguir escondiéndome. Quiero vivirlo todo: lo que duele, lo que emociona y lo que transforma. Perfectamente imperfecta es eso: un grito de libertad. Una forma de decir: «Esta soy yo. Y está bien así».

Duración:
Idioma:
Catalán
Sinopsis

A Rut le parece que por fin tiene la vida controlada. Un trabajo fijo y con cierto prestigio como profesora en la Universidad, una casa con jardín como había querido de pequeña, un marido que la quiere y dos hijos. Pero cuando su hijo de 8 años empieza a sufrir episodios de psicosis y le detectan TEA, todo lo que le parecía sólido se hunde. A la vez, su madre, enferma de cáncer terminal, decide casarse con un playboy italiano y la invita a lo que a ella le parece una boda esperpéntica en un glamping de Ametlla de Mar. Su psicóloga la anima a ir y le propone que empiece una lista de cosas que aprende de su hijo. Rut, educada para ser una ‘niña buena’, seguirá sus instrucciones. Lo que no sabe Rut es que a través de este viaje se acercará por fin a su madre, se confrontará con las decepciones de su matrimonio, redescubrirá un viejo amante, digerirá la realidad de su hijo y, sobre todo, desempolvará memorias olvidadas y curará heridas antiguas que le impedían ser quien realmente es: una mujer fuerte e imperfectamente perfecta. Porque quizás la vida a veces es un mal trago, pero los malos tragos pueden sacar lo mejor de ti misma; incluso pueden recordarte quién eres.

Notas de autoría

Llego a casa y me encuentro un sobre en el buzón a nombre de Gael, mi hijo. Es de la Generalitat de Catalunya, del Departamento de Derechos Sociales. Lo abro. Dentro hay una carta y una tarjeta blanca con dos líneas que duelen de lo rojas que son. En letras negras dice: Tarjeta Acreditativa de la Discapacidad. Grado: 49 %.

Después de cinco años persiguiendo una respuesta a la pregunta «¿qué le pasa a mi hijo?» y un año y medio de trámites administrativos, tenemos dos acreditaciones. En una dice que Gael tiene una discapacidad de casi el 50 % (un 49 % y no un 50 % para que el Estado se ahorre una pensión) y una dependencia del 69 % (de nuevo un 69 % de dependencia y no un 70 % por el mismo motivo: ahorrar costes al Estado del bienestar). Son solo números; no dicen si le falta una pierna, si es daltónico o sordo. Solo son números. Pero esos números representan lo que supone acompañar a Gael en el día a día y la angustia que lleva dentro, con la que convive. Respiro y me ahogo al mismo tiempo.

No le enseño la tarjeta a Gael; me la guardo en la cartera. A él le digo que podrá pasar por la fila rápida de las atracciones de PortAventura. Le ha parecido algo extraordinario.

Perfectamente imperfecta es una declaración de principios. Durante años intenté encajar, hacerlo todo bien, cumplir con lo que se esperaba de mí como hija, profesional, pareja y madre. Pero todo estalló con mi hijo Gael. Él no era perfecto, era diferente. Al principio, cuando íbamos al parque o a cualquier otro lugar y tenía comportamientos disruptivos, pedía disculpas constantemente. Hasta que un día me cansé. Dejé de pedir perdón por cómo era mi hijo y empecé a centrarme en cómo se sentía él. Si él estaba bien, yo también.

Y entonces entendí que eso también valía para mí. Yo no soy perfecta. Pero no pienso seguir escondiéndome. Quiero vivirlo todo: lo que duele, lo que emociona y lo que transforma. Perfectamente imperfecta es eso: un grito de libertad. Una forma de decir: «Esta soy yo. Y está bien así».

Ficha artística
Fotos y vídeos
Opiniones del espectáculo 14
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Espectadores/as
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