Con motivo del centenario del nacimiento del mallorquín Blai Bonet, considerado una de las voces más originales y poderosas de la literatura catalana del siglo XX, el Teatre Raval repone La casa en obres, la obra emblemática de Pep Tosar sobre la vida y la obra del escritor. La obra mezcla la niñez rural del autor, la Guerra Civil y su lucha contra la tuberculosis a través de la poesía y la música.
Sinopsis
Una biografía-fantasía en la que los recuerdos, los deseos, la infancia, la guerra, los anhelos, el humor y la ternura, la madurez y la inmadurez se dan la mano para encarnar el universo bonetiano, siempre a medio camino entre la verdad y la genial fabulación.
La producción recupera el montaje de 1998, pero, inevitablemente, desde una nueva perspectiva.
Sobre La casa en obres
Un espectáculo que produjo el GREC en 1998 y que ahora volveremos a producir con un nuevo reparto y una renovada puesta en escena.
El 10 de diciembre de 2026 se cumplen 100 años del nacimiento de Blai Bonet, y queremos formar parte de esta celebración recuperando y reivindicando su figura y su obra como el clásico contemporáneo que es: poeta, novelista y ensayista mallorquín esencial de las letras catalanas, que unió el existencialismo, el clasicismo y la modernidad a través de una literatura intensa, innovadora y universal. Consideramos que esta es la mejor manera de inaugurar esta nueva etapa: formando parte de la celebración del centenario del gran poeta de Santanyí y recuperando el espectáculo que lo llevó a escena en el Teatre Romea el siglo pasado, acercando a un nuevo público su concepción de la universalidad: «Si queremos crear un mundo, debemos hacerlo como Homero y Virgilio: desde el lugar que nos ha hecho, haciendo pasar por él todas las ideas más elevadas que seamos capaces de concebir».
De algún modo, este espectáculo encarna las palabras del propio Bonet:
«Soy un hombre que pone tenacidad y hierro espiritual en la tarea de llegar a ser un hombre sin intimidad. Soy un hombre sin intimidad. Esto significa que, si tuviera que escribir un libro que fuera la descripción y la expresión del ser humano que habita en mí, el título sería, posiblemente: La casa en obras. Constantemente, todo mi ser está habitado por canteros, arquitectos, carpinteros de ribera, yeseros, electricistas, maestros de ribera existenciales, que me construyen; solo ellos, la multitud, saben de cuántas plantas constará la Casa… Yo me dejo hacer. Dejo que me hagan. Me alegra ver y sentir que me edifican. A menudo dicen de mí que soy un hombre de mucha voluntad… Y es cierto. En mí está la voluntad de todos los que me levantan. Dejarse construir: he ahí lo que es la trascendencia, el traspaso, el intercambio de materiales humanos entre los individuos.
La trascendencia es una realidad dinámica, combinatoria, que con demasiada frecuencia se emplea con un significado desvaído, vacío o adulterado. Se dice “trascender”, se habla de “trascendencia”, con la intención de querer saltar por encima del mundo táctil y visual de las cosas reales y cotidianas.
Pero la trascendencia es una operación tan vital, tan incesante y tan coherente como esta: el paso que las ideas y las sensaciones realizan de un sentido a los demás. La trascendencia es la incorporación, la encarnación del mundo en nuestro cuerpo, en el cuerpo de nuestro espíritu… La vida consiste en un continuo intercambio bioquímico. La vida y la trascendencia son el mismo fenómeno.»
Blai Bonet
Santanyí, mayo de 1979




