Sílvia Munt vuelve a Arthur Miller con Panorama des del pont, una obra de la que confiesa estar enamorada “porque tiene una vigencia rabiosa”. “Miller siempre aprieta un poco más para que acabe saliendo toda la verdad que hay detrás del comportamiento humano, donde se esconde la inquietante vulnerabilidad de los hombres y las mujeres”, explica. “La obra habla, sobre todo, del deseo. Del deseo bueno y del malo. El deseo hará que todo estalle. Estas emociones profundas que laten en nuestro interior a veces traspasan la moral mínima: hay latidos que atraviesan lo políticamente correcto”.

Eddie Carbone, estibador de origen italiano, vive con su mujer y su sobrina huérfana, a la que, sin querer ser consciente de ello, ama con una pasión que reprime. Cuando acogen en casa a dos inmigrantes italianos sin papeles, ese deseo oculto de Eddie desencadena el drama: traición, machismo, inmigración, incesto, amor, posesión, violencia…
Como ocurre con todos los clásicos —y Miller es uno de ellos—, su obra es de una actualidad absoluta. Panorama des del pont, “desgraciadamente, es lo que está ocurriendo en este mundo que involuciona vertiginosamente y que todavía sigue doblegándose ante la fuerza del poder heteropatriarcal más mezquino e irracional”. El machismo aparece en la obra con ferocidad: “El deseo puede convertir a un hombre en una bestia irracional, del mismo modo que la supremacía de los comportamientos masculinos forma parte de su ADN. No quieren, no pueden entender que aquello que les han inculcado durante tantos años, con perversa insistencia, no es verdad”, expone la directora.

El montaje, que dura una hora y media, es atemporal: el vestuario es actual y la escenografía es, básicamente, la pared de un edificio pobre. “Ocurre en Brooklyn, el puente es ese, sí”, dice la directora, “y ocurre en los años cincuenta, pero podría pasar perfectamente aquí, en Santa Coloma, en Sant Boi, en Francia o en Nueva York ahora mismo, porque aquello de lo que se habla atraviesa el tiempo”. Se habla de gente trabajadora, pobre, inmigrante. “¡Yo quiero ser americano para poder tener trabajo; eso es lo único fantástico de este país: que hay trabajo!”, dice uno de los personajes. ¿Nos suena? Y gente así la hay en todas partes.
Por eso, en parte, “todos los personajes son entrañables, humanos, están cargados de buenas intenciones”, en palabras de Munt, que recupera las de Miller cuando destaca que Eddie “es un ser humano de una pureza perversa”. Y lo explica: “Una pureza que no es más que el error ancestral de creer que tus instintos más irracionales, manipulados durante siglos, son la verdad”.

Munt subraya que la implicación de los actores debía ser absoluta porque no es fácil “explicar aquello que está por debajo de lo obvio, aquello que todos podemos tener y no queremos ver”. A David Selvas, Laura Conejero y Edu Buch ya los conocía, y ellos también se conocían bastante. Para elegir a los jóvenes, se hizo un casting intensísimo, con jornadas larguísimas. Nil Cardoner, Jan Casablancas y Laura Gaja fueron los escogidos.
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