El delirio en el poder
Hay pocas formas tan eficaces de cuestionar un relato colectivo como llevarlo hasta el absurdo. Lo de Jaume I, de la compañía Al Cel Cia., lo hace con una comedia musical desvergonzada que convierte la mitología nacional en materia de sátira política. La premisa es tan delirante como reveladora: una presidenta de la Generalitat de extrema derecha quiere restaurar la pureza de la catalanidad y encuentra en una reliquia insólita de Jaime I la posibilidad de engendrar una nueva estirpe real.
Guillem Cuxart, responsable de la dramaturgia, las letras y la dirección, parte de Don Jaume el Conqueridor, de Serafí Pitarra, para actualizar su espíritu irreverente. El resultado es una farsa que combina referencias históricas, provocación sexual y caricatura institucional por poner en evidencia las contradicciones de los discursos identitarios excluyentes. El humor es deliberadamente grosero y escatológico. No busca la sutileza, sino desactivar cualquier solemnidad y llevar la provocación hasta sus últimas consecuencias.
La dimensión musical, con composición y dirección de Marc Sambola, resulta esencial en el engranaje del espectáculo. Las canciones no funcionan como un simple complemento, sino que impulsan la acción y acentúan el tono paródico. La presencia de los músicos en directo, el trabajo corporal y coreográfico de Paust y una puesta en escena que acompaña al ritmo frenético contribuyen a mantener la energía del conjunto. El reparto, formado por Arnau Fà Lladó, Paula Moles y Roma y Laia Esdul, asume con soltura la exageración y el juego constante con los límites del buen gusto.
Al Cel Cia. presenta una propuesta valiente, frenética y atrevida, y en ciertos momentos reiterativa, desmedida (incluso alargada), caótica y enrevesada, que reivindica el riesgo y la libertad del teatro musical independiente. Galardonado con el Premio de dramaturgia Teresa Cunillé y seleccionado en varias convocatorias de creación, el proyecto confirma que la sátira puede ser aún una herramienta incisiva. Lo de Jaume I no pide reverencia: invita a reír, a incomodarse y, sobre todo, a sospechar de quienes quieren convertir la historia en un arma política.