Els homes i els dies

El Vilaseca más literario

Carles Armengol Gili
Una opinión de Carles Armengol Gili
27/04/2022

Adaptar el dietario de David Vilaseca al teatro no era una empresa fácil, y el resultado final así lo acaba constatando. El texto que nos llega desde el escenario tiene más de literario que de teatral, a pesar de que parece que esta es la voluntad de los creadores del espectáculo: Josep Maria Miró (adaptador) y Xavier Albertí (director). Es una apuesta que ya hemos visto en otros ocasiones, pero no deja de sorprender la elección de un determinado lenguaje y de algunos recursos narrativos… al menos durante la primera media hora.

Els homes i els dies es un texto íntimo y descarnado, una pieza impetuosa que nos habla de la creación literaria, de la envidia, de la homosexualidad, del sida, de pornografía y de infidelidades, entre otras muchas cosas. Un muestrario de todo aquello que definiría en noventa, con sus excesos y sus carencias. Una época que Vilaseca vivió a caballo entre los Estados Unidos, Londres y Barcelona. Alrededor de él, un montón de personajes que ayudan a definirlo: los padres, el falso hermano, el novio inglés, el amigo de Barcelona, la amiga de siempre, el psicoanalista, toda una retahíla de amantes esporádicos, etc.

Albertí ha sabido transportar a la escena este mundo tan particular, a pesar de que lo haya hecho con cierto estaticismo y una clara tendencia a la explicación (o la insinuación) más que a la acción dramática. Los personajes entran y salen de unos enormes containers industriales que Max Glaenzel ha distribuido por el enorme espacio de la Sala Gran. Unos contenedores que guardan toda una vida, con el equipaje y el peso que eso comporta. Un espacio escénico simbólico y realmente bello, catalizador de los dramas personales y generacionales que Vilaseca explica con su rica prosa.

Los actores -encabezados por un Rubén de Eguía que seguramente ha aceptado el papel más complicado de su carrera- responden perfectamente a una dirección y a una dramaturgia que a ratos los encorseta en exceso, a pesar de que también les regala monólogos potentes. Mercè Arànega vuelve a brillar por su humanidad escénica, mientras que Roberto G. Alonso ofrece uno de los momentos más icónicos del espectáculo explicando los referentes queer de la Barcelona que vivió Vilaseca.

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