El Petit Príncep: El Musical

Un clásico al servicio del espectador

Mariona Rebull
Una opinión de Mariona Rebull
09/12/2019

Lo esencial es invisible a los ojos. Este es el mantra en el que, demasiado a menudo, ha quedado reducido El Principito. Y es que paradójicamente, cada vez que esta letanía se repite en merchandising y en bocas de telepredicadores, más se crea el mundo de avaricia y opulencia contra el que Antoine Saint Exupery luchaba. Por suerte, la propuesta de El petit príncep de Manu Guix y Àngel Llàcer vuelve para dar vida y sentido a este mensaje y no para exprimirlo para provecho propio. La obra es una propuesta honesta y sencilla, relativamente fidedigna a la original, y adaptaba en formato musical no para hacer gala de capacidad creativa, sino para servir el texto y aproximarlo al público infantil. Infantil, entendámonos, en un sentido amplio: infantil de niños e infantil de inmadurez. Ya lo sabemos todos: la obra nos recuerda amablemente los pedazos de egocentrismo -en todas sus variantes- que conviven en nuestro cuerpo de adulto. El petit príncep es un viaje por el universo y, como todos los viajes, transcurre también en nuestro interior, nos transforma y nos domestica. Dejémonos, pues, domesticar por este niño preguntón, su rosa punzante…¡y por todas sus canciones!

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